¿Cómo te manejaste con la censura?
El problema estribó en la censura y en la autocensura. La obra apela a distintas creencias, no sólo del ámbito religioso sino del político y financiero. De entrada, no pude tener el título original que tenía previsto para mi obra: EL EVANGELIO SEGÚN CLARK KENT, porque eso me ponía en serios aprietos con los derechos de autor del personaje. Por eso tuve que abreviarlo. Luego, escribí esta obra no para transgredir a terceros, sino que empecé por transgredirme a mí mismo –si bien, actualmente no soy un creyente, toda mi infancia estuvo marcada por la religión católica que imperaba en mi hogar y en mi entorno-. Así que cuando escribía debía luchar contra mis propios miedos. En algún punto del proceso padecí una enorme culpa que me impedía seguir trabajando el material porque sentía que un rayo iba a caer sobre mi cabeza y me iba a hacer pagar mi insolencia. De allí el asunto de la lucha conjunta entre censura y auto censura. Por supuesto, ha habido opiniones en contra. Quisiera citar la crítica que nos realizó un creyente y reportero especializado en teatro, quien dijo que el “circo” era el medio que yo empleaba para ridiculizar a Jesucristo de forma prosaica y vulgar, y que -palabras más, palabras menos- si yo hubiera escrito sobre algún tema musulmán, cualquier fiel, no sólo un fundamentalista, me hubiera metido un balazo en la cabeza.

Richard Viqueira, en la única foto que pudo enviarle suya a Paloma. |
El teatro, el juego y el medio mexicano según Richard
¿Cuál fue la tendencia que imperó a la hora de dirigir la puesta en escena?
El teatro también es un juguete. Y no por serlo, deja de ser menos trascendente. Creo que nada hay más entrañable para una persona que recordar o anhelar su primer juguete. Los juguetes transforman caracteres. Los juguetes dictan destinos. No en balde, es común en otras culturas que la acepción de la palabra actuar compare la pieza teatral con el juguete. Es eso precisamente lo que quiero expresar con El Evangelio según Clark: la historia universal y el teatro vueltos un juguete. Un juego sólo para niños privilegiados y es por eso que todo ocurre en un columpio. El columpio como metáfora del mundo, como resumen del cosmos. Un deux ex máchina.
Es difícil trabajar con columpios, incluso peligroso…
Como tú bien comentas, trabajar con un columpio es una de las cosas más difíciles que he realizado en mi carrera, precisamente porque el columpio comparte con la vida su carácter impredecible. Y, por ello, con el teatro. Al ser un elemento que no está asentado sobre la tierra y no se rige por la inercia de las cosas terrestres, sino de las aéreas, comparte más con las aves que con los hombres y de allí su comportamiento voluble e inesperado. Debes estar muy atento en una obra así, durante todo el montaje y las funciones, porque los columpios demandan atención en cada balanceo: debes observarlos, sentirlos, calibrarlos en cada movimiento. Trabajar con un columpio es tener la disposición de alternar con el vaivén. De lo contrario, el metal del columpio te lo cobra, te pasa factura.
¿Cómo definirías el estado de salud del medio teatral en México?
Considero que es irregular. No existe una norma ni un nivel medio. De repente puedes encontrarte una excelente pieza teatral en los circuitos universitarios y una pieza patética en los grandes recintos, oficiada por la Compañía Nacional de Teatro de nuestro país. En realidad, el buen teatro está supeditado a mil y una causas. Puedes encontrarte con un cartel o programa de mano con los nombres de figuras muy capaces y talentosas de nuestro medio, reunidos en un solo espectáculo, por lo que presupones que ese equipo, sin duda, brindará un montaje memorable. Muchas de las veces eso no pasa. Ocurre en el traspatio de un edificio y tal vez con un grupo de aficionados. El teatro es un misterio insondable. Y en un país como el nuestro, todavía más. Definitivamente, hacer teatro independiente en México, es una acto de necesidad sin cortapisas. Es volverse una garrapata asida al cuerpo de un pobre animal de carga
|