Indudablemente, los cinco años del nuevo siglo han echado nuevamente mano de los “post” (recordemos el revival de post rock y post punk como las categorías más populares) para describir algún hálito “nuevo” entre las marcas estéticas indefinibles o híbridas. Dan Snaith (a.k.a. Caribou), joven artista sonoro canadiense -y Doctor en Matemáticas- anteriormente conocido como Manitoba, fue de los primeros en caer en la cuadrilla que cierto canon ávido de nóminas para todo situó en las antípodas de la “post” electrónica. Un universo basado en experiencias pasadas como el folk, el jazz, la psicodelia, el pop, el avant rock, mestizados en prodigiosas composiciones bajo el tamiz digital de una laptop. Una pista necesaria para introducirnos al universo de Caribou, es deducida por sus dos anteriores trabajos: Star breaking my Heart (2001) y Up in flames (2003). El primero sitiado por la delicadeza y el brillo nostálgico de la IDM (Intelligent Dance Music) emparentada con Boards Of Canada, pero con melodías aún más álgidas. Y Up in flames, un sendero de psicodelia folk, habitado por rasguidos y vocalizaciones circa Olivia Tremor Control, cortes abruptos de percusión y reminiscencias de jazz a la manera de Sun Ra. La salida del nuevo disco fue en medio de una demanda por marca registrada que el viejo punk rocker Handsome Dick Manitoba, de la banda neoyorquina The Dictators le inició a Snaith a fines del año pasado. Por ello un cauce ambiguo para un título como The milk of the human kindness (la leche de la amabilidad humana) ¿Buena o mala? Dan Snaith: “El título es doblemente sarcástico, porque tenía que tratar con el asunto de la demanda que me mostraba el lado realmente sucio de la personalidad de la gente, pero con ello también tuve experiencias positivas de otros apoyándome y diciendo cómo seguían lo que estaba sucediendo. La gente que asiste a los shows, preocupada acerca de lo que pasaba, tanto como nosotros”.

En The milk of the human kidness un estado y una historia se concatenan. Un estado catatónico contando la historia de un nacimiento. Son las canciones de una alborada vertiginosa, o de una aurora boreal que apela a la integridad espiritual plácida, pero con la rítmica vertiginosa de los tiempos que corren. En una escucha detenida, puede percibirse el cruce de las formas genéricas de una canción, con su deliciosa calidez, rasguidos afables, piano eléctrico y glockenspiel (una caja de música digna del país de las hadas), la susurrante voz de Snaith en cinco oportunidades –nítida en la apertura de Yeti, su primer corte, o en Bees-, y un revés replicante, donde hi hat, bombo, platillos, suenan de una vez, atravesados por minuciosos arreglos digitales.
Acerca de la modalidad de las composiciones, el histriónico canadiense esclarece: “La mitad sampleos y la mitad tocando instrumentos. Uso un software básico –un programa llamado ACID-, y mucho de lo procesado con instrumentos y el material en bruto van luego dentro de mi computadora. Toco guitarras, pianos, canto y mucha de la percusión la tomo de samples”. Anteriormente, las performances en vivo de Caribou eran las propias de un live set electrónico –compartiendo cartel con artistas como Four Tet, Prefuse 73 o Broadcast-, como las que se avistaban en Montreal cuando la escena IDM y minimal estallaba: laptop con sonidos pregrabados y su respectivo ensamble en tiempo real. Ahora, las cosas saben diferentes, cohesionadas por más mixturas.

“Estoy presentándome con dos instrumentistas, alternando dos batería completas, mezclándolas digitalmente y tocando cortes de otros instrumentos”, ilustra Snaith, y agrega más sobre la puesta: “Además, tenemos un soporte de video realizado por los animadores irlandeses Delicious 9 que acompaña nuestra música. Deseo que el show en vivo sea un poco más primario y comprometido en una vía física, más que basado en lo que está en la grabación. Más como un muro de sonido en video”. Tres meses le restan a un tour ampuloso iniciado en junio, que lo llevó por Estados Unidos e Inglaterra –donde en Londres, su nueva residencia, se presentó con los Animal Collective a quienes escucha asiduamente y comparte una de sus aristas sonoras-, y ahora transita por Escocia, España, Francia, Croacia y Grecia, para meterse en el estudio nuevamente a fin de año. Acerca de la posibilidad de una vuelta a la IDM orgánica que aguardan algunos nostálgicos, Dan Caribou es definitivo: “no me seduce por el momento. Estoy seguro de que en algún tiempo haré alguna pieza de música electrónica que realmente me excite, pero ahora no estoy escuchando nada que me lleve de nuevo hacia ella”
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