Pero más que por los premios, la propuesta realmente vale por sus valores cinematográficos: su ritmo semilento, casi contemplativo; su impecable y fulgurante fotografía en color –obra de Alexis Sabé –, y el exponer, detrás de una trama aparentemente simple –un hombre casado y con familia que descubre el amor más intenso de su vida en otra mujer, lo que atenta contra sus dogmas religiosos–, el drama de la existencia humana diaria. Claro, sin evitar un guiño a una de sus predilectas formas de resolver las películas con un misterio inexplicable pero verosímil: que el amor provoca la vida y también la muerte, y ocasionalmente, de nuevo la vida.
"Los premios fuera del deporte no significan nada. La ausencia de ellos tampoco– sentencia de manera terminante –. Es absurdo (y quizás negativo) hacer competir películas como si fueran atletas o caballos de carreras. Sin embargo el mundo esta organizado así y, aunque yo acepte el sistema por otras razones, creo importante estar conscientes de esta realidad aunque sea impopular recordarla. Lo que cuenta es hacer tu trabajo con necesidad interior, honestidad ante ti mismo y entrega plena. Yo debo hacer la mejor película que pueda dar y ese es el final de mi camino (y el principio también)."

- La intención jamás es construir un retrato antropológico del pueblo menonita.
-Para nada, aunque ahí está. El cine tiene esa capacidad hermosa de acarrear siempre un contenido documental, por eso a mí en principio siempre me gustan más las películas que no son de estudio, porque aunque sean malas ves a la gente en un contexto real y aprendes, ves y disfrutas.
Porque incluso el cine de ficción tiene su contenido documental.
-Sí. Todos conocemos París y sabemos cómo suenan las ambulancias y sus coches hasta por ver al inspector Clousseau en las caricaturas. Todo eso, desde niño, te va dando un conocimiento del lugar, aunque sea caricatura y no película.
Japón es una película sobre el campo mexicano en una región que visitabas de niño, después Batalla en el cielo es una cinta citadina sobre la urbe en que creciste, y ahora Luz silenciosa explora una comunidad que no conocías.
–Para mí esas son cosas secundarias, trato de ser fiel al contexto pero lo escojo en función de la esencia de lo que quiero contar. Japón, al margen de si el citadino va al campo o no, habla de cosas filosóficas, por qué no suicidarse para ir directamente al cielo, como preguntas de adolescencia respecto a la vida; luego Batalla... habla más de la sociedad en que me tocó vivir y crecer, es de cuestiones sociales y de justicia, y esta película reciente habla de una cosa más personal que es el amor y si es legítimo dejar de amar a alguien que te ha amado y a quien quizá todavía amas, pero no estás seguro y cómo tienes que actuar para ser un mejor hombre. Entonces más bien esas son las temáticas que importan, y luego los contextos de si es en el campo o en la ciudad es algo secundario, porque lo que me importa es más esa parte esencial. De hecho, la película no habla de los menonitas: ves perfectamente cómo viven, cómo están vestidos, cómo son sus casas, cómo trabajan el campo, cómo hablan, pero la película no es sobre su folclor.
Siempre has trabajado en cine y no en video, ¿cierto?
- Siempre he trabajado en cine, en super8. Creo que es una cosa importantísima y lo recomendaría mucho a quien quiera aprender, porque te acostumbras desde entonces a ser muy estricto con la planeación de tu plano, con el montaje previo que haces en la cabeza y no te llenas de material que luego no sabes ni como pegar. A mí me forzó, yo no tenía mucho dinero, sino mis ahorros, mis cortos me costaron menos de mil dólares. En la cabeza ya organizaba cómo iba a ser todo, tenía una relación de película de dos a uno y en el mejor de los casos de tres a uno, lo que me obligaba a aprender a producir. Durante un año produje y dirigí esos cuatro cortos, y en seis meses preparé Japón, levanté 37 mil dólares y con la misma gente que había trabajado allá, todos en segundo año y ninguno habíamos estado nunca en un largometraje, el asistente de dirección era un amigo filósofo, todos éramos muy serios, pero también inexpertos. Y más o menos fue el mismo equipo en Batalla en el cielo y fue lo mismo más o menos para Luz silenciosa, yo tuve que aprender mi forma de rodar y de producir y es muy personal.

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