"Depende de todo, del momento, de los otros, de la música. A cada momento hago diferente música. A veces canto con músicos que hacen Hip-Hop o que hacen música clásica, free jazz, me ha tocado que hagan noise, ambient, electrónica. De país a país cambian las mentalidades y en cada sitio la música adquiere su propia dinámica y es totalmente diferente si toco en Londres que si lo hago en la Ciudad de México".
Nunca antes había visitado México. Y demostró su eclecticismo y adaptabilidad, pues compartió el escenario con gente totalmente apartada musicalmente de sus hábitos como libre improvisador. Sin reservas apareció junto a rockeros de grupos indie locales de moda como Jay de la Cueva de Moderatto, Alexis Ruiz de Jessy Bulbo, Carlos Navarrete y Carlos Icaza de Los Fancy Free y Julián Lede de Silverio, pues su presentación en el Pasaje América fue promovida por la disquera de todos ellos, Los Nuevos Ricos.
La visita le resultó un golpe cultural. Primero porque no habla la lengua. Segundo, porque ni siquiera como turista había pisado estas tierras. Sobrellevó a los músicos y se entregó en el concierto. Luego, le bastó recorrer el Centro Histórico, por el momento. Y el tequila. Le encantó. A tal grado que sólo bebió eso y vino blanco durante su estancia, y en buenas cantidades, pero nada comparado con el pasado, cuando bebía sin problemas dos o tres botellas de lo que fuera, preferentemente whisky.
Como buen anarquista no carga reloj ni usa, jamás, teléfono celular –"sus ondas hacen daño", alerta. Otro de sus hábitos es caminar por días enteros en el desierto del Sahara. Se lía sus propios cigarros de tabaco orgánico y otras yerbas cuando la ley o la privacidad lo permiten. Y deja en claro que no le interesa la música creada en décadas pasadas. Excepto por la de Captain Beefheart, los discos de los años setenta no lo atraen. Ni siquiera los suyos con Can.
En Inglaterra se bautizó a la música creada por Can y por algunas otras bandas alemanas como Krautrock. Además de que en alemán el término no significaba demasiado –rock de hierba–, ninguno de los grupos –entre los que se cuenta Popol Vuh, Faust, Kraftwerk o Tangerine Dream– se reconocen como tal. Pues fue "una simple maniobra de mercadotecnia para vender un género más", dice Damo Suzuki.

"El término proviene de inicios de los setenta pero ningún grupo alemán cree en él porque fue un tipo inglés quien se lo inventó y simplemente no le hallan sentido. ¿Quién puede explicar qué significa Krautrock? Ni siquiera es ya un género alemán, ahora hay una banda escandinava que dice tocarlo. Pero nosotros no sabemos qué significa".
Y lo mismo ocurre, prosigue el cantante de origen japonés, con géneros aparentemente más taxonomizables como el jazz o el rock, pues nadie puede explicar exactamente qué son ya que “eso de las etiquetas viene del capitalismo”.
"Así pueden vender mucho mejor aunque no exista mucha información del grupo, pues una categoría significa una diferencia social. Ahora dicen que hay música electrónica, indie, pero la música es universal y se hace de muy diversas formas. Es mucho mejor si la encuentras y no tienes prejuicios al respecto".
¿Y qué piensa cuando la gente insistentemente se refiere usted solamente como el ex cantante de Can?
Está bien porque fue parte de mi vida, pero por lo general en entrevistas no digo nada de la época que estuve en Can pues ya pasaron casi cuarenta años. Pero, en efecto, todos los días alguien pregunta sobre eso y es un poco molesto porque yo sigo vivo y estoy creando música, así que no entiendo por qué la gente no prefiere hablar acerca de lo que hago ahora. Can fue una banda realmente especial y cada década la generación joven nos redescubre y eso está muy bien. Además es divertido, ha pasado con los New Wave, los Punk, los de Hip-Hop, todo mundo nos escucha ahora, pero en aquella época no tanta gente lo hacía como ahora. Es curioso. |