Rch| Álvaro Restrepo...

La riqueza de habitar...

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Al hablar de oportunidades te refieres, supongo, en términos de conciencia, porque el consumismo globalizador trae aparejado el concepto que la oportunidad es poder comprar y adquirir, y entre más se posee más se vale.

Decirles que hay otras formas de riqueza, no la que nos han vendido y nos dicen los medios. Obviamente ellos participan de la frustración de tener o no tener. Pero la mayor riqueza es la de ser. Poderles transmitir la idea de que son ricos porque habitan su cuerpo, porque tienen la creatividad, porque son bellos, porque tienen una cultura y que a través de ello pueden llegar a ser ricos materialmente, pero no al revés. Y esperamos que algunos de ellos puedan tener un buen pasar, una dignidad, un bienestar, pero sin que sea el único objetivo. Que si el bienestar económico llega, sea porque son muy buenos, aman lo que hacen y porque son felices, y no al revés. No que la felicidad les va a llegar porque tienen, porque compran, porque pueden. Obviamente que tienen presiones de sus familias, de la sociedad, pero hemos hablado mucho del rol del bailarín y del artista en la sociedad. De qué le sirve un pinche bailarín –que rima con filipichín y es un diminutivo–, de qué le sirve un diminutivo de estos a la sociedad. Decirles que son pensadores, filósofos, intelectuales del cuerpo, personas que pueden aportarle mucho a la sociedad.

La alquimia, tan presente en tu obra, refiere a la transmutación no precisamente en el sentido material de volver el plomo en oro sino en lo espiritual, lo que también resulta en este proyecto y en estos jóvenes.

Siempre he pensado que el colegio es un Athanor, que la educación debe cumplir esa función de transformar esa materia aparentemente deleznable y efímera en el oro de la trascendencia, de la búsqueda de la perfección, de la inmortalidad, de la sacralidad. Decirles que los formamos no para ser buenos artistas sino buenos seres humanos. Hace rato les dije: si ustedes en la vida, en la calle, entre ustedes, fueran tan buenos como son en el escenario, el mundo estaría salvado. Por ahora son mucho mejores en el escenario que en la vida. Por eso todavía estamos jodidos, porque todavía luchamos porque no se jodan, que no se chinguen, que no se pongan zancadillas los unos a los otros. Si al revés fuera, coño, yo no sé qué pasaría en ese escenario. Les digo que son una tribu, un concepto, que están trabajando juntos por una revolución de la educación, créanse los unos a los otros y no luchen, construyamos y lo que harán en el escenario será doblemente poderoso. Ahora es poderoso porque ellos bailan para salvarse, ¿pero si fuera al contrario? Tal vez lleguemos a ese momento con la madurez del proyecto.

Tu trabajo representa pensar la danza no sólo como el movimiento mecánico del cuerpo sino como una vía para crear belleza estética e imagen, o del arte contemporáneo actual, que frecuentemente es visualidad carente de contenido, de reflexión. Tu danza siempre está preocupada por la ritualidad y detrás de ella hallamos ejercicios espirituales que quizá no contengan un mensaje religioso pero sí místico.

A mí me interesa mucho que el espectador termine la obra. Que con su lectura sea él quien la complete, y no reciba pasivamente un producto, sino que construya. Mucha gente me ha dicho que no entendió pero que le fascinó y les respondo que entonces sí entendió. A mí me interesa, más que plantear respuestas, dejar preguntas. Que la gente piense en lo que quiere decir el personaje que circula, ¿es el ángel, es la muerte, es el tiempo, es el mal? Es todo eso. Y creo que esas lecturas nos enriquecen y nos ayudan a entrar en un diálogo con el espectador artista, con un espectador que también es partícipe de la creación. Quedan planteadas esas preguntas, como cuando uno lee un poema, por eso la danza es mucho más cercana a la poesía que a la narrativa o el teatro.

Paradójicamente la danza, como movimiento efímero, puede reflejar la eternidad.

Por eso hablamos tanto del cuerpo y del tiempo, en ese sentido el fin del cuerpo, el fin del tiempo, algo que a mí me interesó siempre cuando oí el Cuarteto para el fin del tiempo y yo había hecho en español un espectáculo en el año de 1994 en homenaje a un pintor colombiano que murió de Sida, Lorenzo Jaramillo, hermano de mi mejor amiga, y se llamaba Ordalía. El fn del cuerpo. Y la idea era cuál es el fin del cuerpo, cuál es la finalidad, esa idea de fin y finalidad siempre me interesó muchísimo y en español eso funciona. ¿De qué nos sirve este instrumento, este vehículo? El cuarteto para el fin del tiempo me remitió al fin del cuerpo y nuestro reloj biológico pues no es otro que ese.

Para un colombiano con formación intelectual, luego teatral, ¿cómo fue la experiencia de irse despojando de la voz para encontrar el discurso corporal?

Hoy estoy queriendo volver a mí mismo, estoy en el proceso. También sigo existiendo como cuerpo, como bailarín y en la medida en que exista como artista tengo más argumentos para trabajar con ellos. Pero estos años de renuncia entre comillas han sido de llegar a transmitir lo que sé, lo que he hecho, mis contactos. Pero para mí ellos son mi obra de arte más extraordinaria. Cuando los veo algunos son mejores que yo, nunca bailé como bailan ellos, no comencé a los diez años como ellos, y ahora a los 20 años ellos están bailando como yo bailaba y en diez años no sé dónde estarán. Un buen maestro es aquel que acepta que sus discípulos lo superen y hace mucho tiempo que lo acepté, y pude maravillarme y erizarme. Pero bueno, me tocó otro proceso, ser así, hacer así. Y yo creo que eso ha hecho que pueda producir un pensamiento.

El Banco Mundial y el gobierno de Japón aprobaron un proyecto de un millón de dólares para que el Colegio del Cuerpo implemente la filosofía en cinco grandes centros educativos de las zonas más pobres de Cartagena. Desde el 2006 y por tres años estamos trabajando con tres mil 600 jóvenes, no para volverlos bailarines a todos, pero para hacerlos entrar en contacto con esa dimensión del cuerpo como templo, como hábitat, como dignidad, como otra noción de riqueza, del ser, autorrespeto, autoestima, la dignidad. Cuando voy a Cuba, pese a todas las críticas que tenga que decir sobre un régimen totalitario y demás, encuentro un sentido de dignidad que no veo en ningún país de América Latina. Mi país tiene la democracia más antigua de América Latina y libertad, ¿libertad para qué?, ¿para morirse de hambre?, ¿libertad para ser un desechable como llamamos en mi país a los indigentes? ¿De qué libertad estamos hablando?

¿O para que el arte explote esas tragedias? No quiero mencionar a Fernando Vallejo.

Sí. A mí no me hables de eso porque yo escribí un artículo en El Tiempo de Bogotá cuando salió La Virgen de los Sicarios que titulé Los verdaderos sicarios que para mí son quienes explotan esa miseria, la venden y se regodean en ella


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