Es bueno nombrar a...
El BAFICI tiene lados poco atractivos que no tienen que ver con el cine: las entradas agotadas para algunas proyecciones desde antes de empezar; las colas que culminan con la inevitable desilusión de justo no encontrar el boleto de ida para el viaje que se había planeado, y -la también inevitable- compra de un pasaje hacia un destino desconocido -que casi siempre termina siendo un destino mucho más deseable y disfrutable que el ideado originalmente-; la parafernalia y la caterva, con tintes snobistas o fashion o cool que se pone en movimiento en las dos semanas que dura, y que parece hibernar el resto del año (capaz que circula por ámbitos más exclusivos a los que no accedemos) y algunos nombres que se repiten/ mantienen alrededor del evento, de periodistas o críticos que se alzan como voces autorizadas para nombrar, aunque nunca nombran aquello que sería bueno nombrar.
Desde acá nombramos. No habría que perderse algunas películas independientes y no precisamente nuevas. Por un lado, el foco puesto en la obra de los años ’60, de Pablo Szir, que filmó en el Chaco, Los Velázquez (1971-1972) -en los tiempos que Raymundo Gleyzer y Jorge Cedrón filmaban Los traidores y Operación Masacre - película mítica que desapareció junto con él en 1976, durante la última dictadura militar. Además, La Intemperie sin fin, el documental de Juan José Gorasurreta, filmado en 8 mm. en 1977 y restaurado digitalmente en 2003, sobre el gran poeta entrerriano Juan L. Ortiz; el documental de Andrea Nobile, Io non sono un moderato (tapa del número #3 de Ruleta China) que registra al dramaturgo Darío Fo, haciendo campaña política – y también un poco de teatro- como candidato de la izquierda para la intendencia de Milán o el documental sobre el genio de la historieta, padre de The Spirit, Will Eisner, Will Eisner: Portrait of a sequential artist de Andrew Cooke.

| "La intemperie sin fin" es un documental sobre el poeta Juan L. Ortiz, filmado en 1977 en 8mm. por Juan Jose Gorasurreta. |
También vamos a nombrar a algunas nuevas, como para no desentonar: Useless, la nueva de Jia Zhang Ké, ya un habitué del festival, sobre el mundo de la moda; Sukiyaki Western Django, un western spaghetti con samuráis, con Quentin Tarantino (foto de la home de RCH y la que clausura esta nota), que es lo nuevo de Takeshi Miike, otro habitué del BAFICI; la ¡nueva! de Hsiao- Hsien (¡otro amigo de la casa!), filmada en París, Le voyage du ballon rouge, reversión del clásico de Lamorisse de 1956, y Help me Eros, la segunda película de Lee Kang Sheng, el actor fetiche de Tsai Ming Liang, de quien ya vimos (¡en el BAFICI claro!) la ópera prima, la preciosa The Missing.
La realidad es que, más allá de lo momentáneo, en estos diez años, el BAFICI ha mantenido su esencia. Es un festival que en su programación valora al cine como un arte, independiente de esquemas y de la industria; una esencia construida con los años, en la que dicotomías como nuevo o viejo, conocido o no, dejan de tener sentido. Un festival informado, que informa, educa, abre mundos.
El libro Cinema Now habría sido bastante diferente si su autor hubiera venido alguna vez al BAFICI. Su óptica se hubiera ampliado, seguro cambiado, como la de muchos. De todas formas, todavía está a tiempo, porque a pesar de todo, el Festival sigue siendo el mismo de siempre

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