La gira de presentación del nuevo disco no sólo incluyó las capitales europeas, sino que además cruzó el Atlántico, se esparció por escenarios estadounidenses y dejó un reguero de críticas alentadoras. La consagración les llegó el 24 de julio de ese año, con el set que ofrecieron para el Womad de Reading, y que puede disfrutarse con sólo cliquear: www.youtube.com/watch?v=fzGSNomC5kk
Después de vagabundear por otros continentes, en 2005 giraron por el África profunda y participaron del “Live 8” en representación del territorio sahariano. El año pasado vivieron otro romance con la gloria cuando, como invitados del festival de jazz de Montreaux, compartieron el escenario con Carlos Santana, uno de los inventores de la pólvora en esto de fusionar rock con folklore periférico.
Y ya está, qué más pueden pedir. De fusileros a pop stars, el camino de estos artistas parece haberlos conducido a un gran oasis. Tal vez por eso bautizaron a su más reciente disco como “el agua es vida”.
Tinariwen editó 'Aman Iman: Water Is Life' en el 2007.
Tinariwen es enteramente un producto del siglo veintiuno. Tiene condimentos indispensables para responder al zeitgeist: multiculturalismo, exotismo, conectividad y originalidad. Su música no se parece a nada y se parece a todo. A mí me los recomendó vía chat el Turco, un amigo que vive en Madrid desde hace unos años. Él estaba solo en su casa, en una madrugada de calor insoportable. Y yo estaba acá, en Córdoba, trabajando adentro mientras afuera casi nevaba. “¿Conocés Tinariwen?”, me preguntó. “En España todo el mundo habla de esa banda”. El Turco ya había acertado cuando me vaticinó a Ojos de Brujo, así que le creí. Busqué sitios en la web donde pudiera escuchar qué hacen. Y los adopté más temprano que tarde.
Una dosis de Tinariwen le hace bien hasta al oído más compadre. Una vez que uno se interna en la mélange sonora de estos siete tuáregs, resulta difícil regresar al punto de partida.
uando escuché la canción “Chatma”, por ejemplo, me pasó algo extraño: por un momento me pareció que podía recitar completas y de memoria las 342 páginas de la edición de Alfaguara de El cielo protector de Paul Bowles 
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