RCh | Tinariwen, los tuáregs que telonearon a los Rolling Stones.
Parió música el desierto
 
  Un ex guerrero financiado por Khadaffi se convirtiÓ en el lÍder de un grupo que conquista el establishment del rock.
POR DIRTY ORTIZ

EN UNA CIUDAD de la región sur del Sahara, de cuyo nombre no da cuenta Wikipedia, habita una de las civilizaciones más antiguas del planeta. Actualmente, ese poblado forma parte del territorio de Malí, en África. Allí, en Nidal, viven algunos de los tuáregs que en los ’80 constituyeron un movimiento guerrillero independentista financiado por Khadaffi. Uno de esos combatientes, Ibrahim Ag Alhabib, descubrió al deponer las armas que la música era el mejor medio para difundir su mensaje. Y cambió el Kaláshnikov por una Fender Stratocaster.

Su grupo, Tinariwen, conquistó el corazón maldito de Keith Richards, el hombre que le enseñó a piratear a Jack Sparrow. El que dijo (y después desmintió) que aspiró las cenizas de su padre y a la vez fue capaz de cantar “Baby I'm dead in a cruel world without you”. Este año, Keith Richards llevó a Tinariwen al castillo de Slane, en Dublín, para telonear a los Rolling Stones. Podría decirse que este gesto equiparó al de Mick Jagger, cuando en 1989 hizo subir a los Living Colour como número soporte. Después de encaramarse al escenario de las Majestades, la voz de Corey Glover y la guitarra de Vernon Reid ingresaron directamente en el Hall de la Fama incipiente del Rock and Roll.

Quizá pase lo mismo con Tinariwen. En aquellos años, la irrupción llevó a que el establishment rockero se diera cuenta de que un grupo de negros podía sonar como Led Zeppelín. Casi 20 años después, tal vez estemos asistiendo a la ceremonia en la cual el género que popularizó Elvis Presley se anima a aceptar como pares a estos siete saharauis que cantan en lengua tamashek.

 

TinariwenIbrahim Ag Alhabib, el líder con pasado de leyenda.

 

Para afrontar el compromiso, Tinariwen se escuda en su más reciente disco, Aman Iman: Water Is Life, aparecido en marzo, al que acompañó el documental Teshumara or the guitars of the revolution. Las canciones fueron grabadas en un estudio de Bamako, la capital de Malí, bajo las órdenes del guitarrista inglés Justin Adams. Además de ser un admirador de la música del desierto, Adams anota en su currículum un dato trascendental en esta historia: integra la banda de Robert Plant. Un excelente pasaporte para que las aguas del mar que separa al rock de la música étnica se abran y dejen pasar a los tuáregs. Hace seis meses, durante un show de Robert Plant en París, los músicos del Sahara subieron para acompañarlo en una antológica versión de “Whole Lotta Love”. El sueño del pibe tuáreg.

La de Aman Iman fue la tercera oportunidad en que los Tinariwen registraron sus composiciones para que las edite una discográfica de distribución internacional. Su debut tuvo lugar en Nidal, a fines de 2000, en un estudio de radio, donde el propio Justin Adams y los integrantes del grupo francés Lo'Jo apadrinaron el nacimiento de The Radio Tisdas Sessions. Cuando este disco llegó a Europa, el anuncio de su salida lo brindó el servicio meteorológico. El viento del Sahara trajo esa vez un sonido envolvente, de guitarra y bajo eléctricos junto a instrumentos milenarios. Armonías comparables a las que usó Robby Krieger en “The End”, de los Doors. Voces tan dulces como guturales. Pulsiones animales y sublimes. The Radio Tisdas Sessions fue el primer disco de música de mundo que sonó a música mundial. Para cerrar ese CD, eligieron una grabación tomada en vivo en Le Festival au Désert, se realizó en Tin-Essako, una remota población en el desierto, en enero 2001. La leyenda no podía pedir un mejor comienzo.

Y eso no era nada. Todavía faltaba que el Occidente cristiano cayera de rodillas ante la evidencia, hasta que en 2004 las dudas que podían quedar se desvanecieron. Tinariwen publicó Amassakoul y cantó victoria.

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