Nos dice: "Buscamos constantemente las complicaciones, pero..." y acá empieza a cantar la canción -o la chanson, ya que se trata de idioma francés y de este tipo de canción-, sencillísima: "La existencia es simple, una línea que se encuentra entre los puntos A, B, C, o D /una línea que no nos explica nada" y un poco más adelante: "La existencia es simple, y si uno buscara un poco, la formularía con palabras o cifras/ es decir, una ecuación o un poema / que permanecería de todas maneras inútil / que no descifraría nada / que permanecería de todas maneras inútil /pero no pudimos hacerlo mejor".
Exactamente eso.
Cada frase de esa canción que se llama, por supuesto, La existencia es simple define esta entrevista que realizamos a Jérôme Minière, compositor y cantante francés, que nació en Orleans hace unos treintitantos años, que dejó su ciudad natal para estudiar cine en Bélgica, y que hace 15 años, vive en Montreal. Y por supuesto, define a Jérôme Minière.
El encuentro con las canciones sencillas, filosóficas y luminosas de Jérôme aconteció en mi existencia simple hace unos seis años. Un compilado de pop francés me presentó a los delicados y bellos chansoneros Dominique A, Françoiz Breut, Katerine, Autour de Lucie y Jérôme Minière. La canción - que se llamaba algo así como Un aviso de derrota, y que había integrado su primer disco Mundo para cualquiera (1996) -no decía nada tan profundo como La existencia es simple o La juventud es vieja como el mundo o La lógica de las cosas, ni tan gracioso como Perder un diente una tarde de verano, todos nombres de canciones de su disco Petit Cosmonaute (2002) que llegó después del compilado y que ha hecho feliz muchísimos días de mi simple existencia.
Eso le escribí en su myspace un día, hace un par de años, porque realmente sus canciones me comunicaban con lo más simple de la vida, lo bello y lo oscuro, lo cómico y lo triste, lo irónico y lo transparente. Para sorpresa, me respondió. Y dijo Gracias. Preguntó por la Argentina, se sorprendió que conociéramos su música en este punto de existencia simple del universo, se alegró. Simple sencillez. Emocionante.
Jérôme Minière no es mediático. Ha sacado excelentes discos en la última década. Podríamos dividirlos en aquellos atribuidos al personaje Herri Kopter, un empresario imaginario: Présente Herri Kopter (donde se construye la historia del personaje) de 2001 y Chez Herri Kopter, de 2004: una auténtica apuesta conceptual contraria al lenguaje del marketing. En ese disco está el tema, en inglés, que se convirtió en el último año en el himno de mi ámbito doméstico: If you don't buy, you'll die (Si no compras, te mueres) cuyo maravilloso video, nadie debería dejar de ver. En ese disco también está la hermosa canción Una tienda que no existe en la voz de Lhasa de Sela, quien era amiga de Jérôme.
La otra vertiente de sus discos, integrada por los primeros, Petit Cosmonaute y Coeurs (2007) es aquella que, a mi entender, nos cuenta todo sobre su simple existencia. A través de sus canciones, yo he creído conocer a Jérôme. Las razones de su partida de Francia, su amor, su paternidad, sus días negros y pesimistas, su voluntad de brillar y hacernos brillar a través de la música. No importa si algo de aquello que he imaginado es real. Sus canciones me han hablado.
Escuchando tus discos creo haberte conocido personalmente, tus emociones, tus ideas. ¿Eso es posible?
Sí, creo que a veces uno se une con los demás a la distancia, sobre territorios emocionales, los archipiélago minúsculos. |